Música

¿Cómo se “mide” la música ?

Podría parecer que esta pregunta no tiene ningún sentido pero lo cierto, es que medir la música es algo que se hace todos los días. Estamos rodeados de concursos y premiaciones musicales, la música es calificada en artículos y revistas donde aparecen las listas de los mejores discos, las mejores canciones, los mejores músicos, etc, todo aparece ordenado del 1 al 10 o del 1 al 100. Además, leo o escucho constantemente comentarios sobre música y el fondo de cada discusión suele ser que músico o que música es mejor o peor.

¿Por qué existe tal necesidad de “medir“ o evaluar la música? ¿En verdad es posible hacerlo? Si así fuera, ¿que parámetros deberíamos utilizar para poder determinar que una obra musical es mejor que otra? ¿Hay parámetros y argumentos científicos para poder evaluar con certeza y precisión la calidad de una obra musical? ¿Podríamos llegar a establecer posiciones y niveles de calidad?

Empecé a preguntarme todas estas cosas desde hace muchos años …

Comercio, competencia, premios y concursos

Conseguí mi primer trabajo como guitarrista en un grupo muy popular en Costa Rica cuando tenía 21 años. Fue un trabajo formal, tenía por primera vez un salario, seguro social y tocábamos casi todos los días de la semana y a veces, todos los días del mes. Tuve que concursar en una audición con otros guitarristas para ganar aquel puesto. Me quedó claro que en el futuro la competencia iba a ser siempre dura.

Recuerdo que empecé a resolver algunas de mis preguntas a partir del momento en que acepté que el arte en el Mundo real y práctico, es un negocio. Lo es más para para bien que para mal, porque gracias a esto la música y el arte pueden convertirse en un trabajo y modo de subsistencia. Entendí que la función social del músico consiste en entretener a otros y hacerles pasar un buen momento. La misión del músico es transmitir emociones a su audiencia usando su creatividad y destreza.

La música es clasificada como un negocio de entretenimiento lo cual, es acertado. El término “música comercial” no es necesariamente un sinónimo de mal arte. Por ejemplo, las obras de Mozart, Bach y Beethoven fueron un éxito comercial en su época.

En un mercado encontramos productos buenos y malos, hay publicidad honesta y deshonesta. Conviene entender que el fin ultimo de cualquier concurso o premiación musical es generar ingresos. Organizar un evento musical competitivo va a generar mayor atención que organizar un evento puramente expositivo. Por ejemplo, si organizas un concierto para promover bandas emergentes desconocidas, existe una alta posibilidad de que la taquilla sea muy inferior a la taquilla de otro evento que anuncia el concurso de “La guerra de las Bandas”.

En las competencias siempre habrá un jurado que determina con base en sus propios gustos y opiniones que es mejor y que es peor. A veces notamos que el sistema de premiación es más abierto y democrático y se consultan los votos de la opinión popular pero de una u otra forma, nada de esto podría tener el más mínimo sentido.

No podemos medir la música utilizando parámetros de opinión y gusto, cualquiera podría entender que una medición hecha bajo este método va a estar lejos de ser seria, precisa y veraz. Pienso que los concursos y premiaciones musicales en cualquier rama artística, no deberían de existir ya que traen mas daño que beneficio. El daño se traduce en frustración, resentimiento y desmotivación. Los empates arruinarían el show, solo puede haber un ganador.

He visto cantidad de competencias musicales de alto nivel. ¿Como es posible determinar con justicia que un buen músico es peor y que otro buen músico?

Si queremos acercarnos a la verdad la medición de la música debería realizarse con rigor científico.

Ciencia y música

En cierto momento pensé que la ciencia podría tener la respuesta y proponer un método para poder medir la música. No hay otra forma de acercarse más a la verdad, la ciencia usa datos y números en lugar de gustos y opiniones. La prueba científica es certera, no hay lugar a dudas, negarlo equivale a decir que el teléfono que se usa todos los días es solo una ilusión. La verdad es una constante búsqueda, cada comprobación y cada respuesta de la ciencia genera siempre nuevas preguntas.

La matemática puede describir a la música. Podríamos llamar a la teoría musical “Matemática Musical”, las leyes de la Armonía, la Melodía y el Ritmo son relaciones matemáticas. Si estudiamos Física a un nivel elemental, podemos entender cosas como por qué hay consonancia y disonancia, por qué los instrumentos tienen un “Timbre”, por qué una quinta justa no define la cualidad de un acorde, por qué una triada mayor es un acorde estable y es base y punto de partida para el estudio de la armonía, etc . Pero la ciencia no puede determinar nunca que tanbuena es nuestra música y asignarle un numero, no puede establecer parámetros absolutos de medición para evaluarla.

Una obra musical compleja armónicamente no será automáticamente mejor que una obra más sencilla, es solo más compleja. Un músico virtuoso ejecutante no es necesariamente mejor que un buen escritor de canciones. En la música el más a veces es menos y el menos a veces es más, también el menos puede ser menos y el más puede ser más … Si la misión y el fin último de un músico es lograr transmitir emociones a una audiencia, ¿no sería esto un buen parámetro para poder medir la calidad musical?

¿A qué se debe toda esta subjetividad? Aquí surge una nueva pregunta:

¿Todos escuchamos igual?

La ciencia nos advierte que es imposible que todos podamos procesar la información musical de igual forma. Existen diferencias físicas, por ejemplo, la forma de nuestro oído externo (Aurícula, Meato Acústico, Membrana Timpánica), determina cuales son las alteraciones particulares en la respuesta de frecuencia de nuestro sistema auditivo. Pero son las diferencias en los procesos cerebrales las más grandes y determinantes.

El 4 % de la población sufre de un trastorno neurológico que afecta la percepción y la apreciación de la música llamado Amusia. El cerebro de estas personas no es capaz de percibir la melodía, la armonía y el ritmo al igual que el resto. Para ellos no hay mayor diferencia entre consonancia y disonancia y también carecen de lo que en música solemos llamar “Métrica y Rítmica” .

Al 96% restante de la población podríamos dividirla en dos grupos: Músicos entrenados y personas no entrenadas.

El cerebro de un músico no es igual al del resto de las personas porque ha sufrido cambios. La persona no entrenada musicalmente procesa la música en el hemisferio cerebral derecho. Es ahí donde el humano percibe y comprende las emociones, donde ocurre el pensamiento abstracto, creatividad, imaginación.

Se ha demostrado que el músico entrenado procesa la música también en el hemisferio izquierdo al contrario del resto de los humanos. En el hemisferio izquierdo ocurre el procesamiento lógico y analítico, por ejemplo, el lenguaje y las matemáticas. Es ahí donde ocurren todos los razonamientos lógicos como tomas de decisiones, abstracciones, deducciones etc. El músico desarrolla lo que los psicólogos suelen llamar “asimetrías cerebrales”, estas crean diferencias de especialización de los dos hemisferios cerebrales. En el grupo de personas no entrenadas musicalmente debo hacer una subdivisión: “Personas coleccionistas y amantes de la música” y “Personas Normales”.

Por casi 40 años mi trabajo ha sido la música y he notado como muchas personas no entrenadas perciben la música con la misma actitud y sensibilidad que tiene un músico bien entrenado. Estas personas han tenido una fuerte exposición a la música desde edades tempranas y han hecho a la música parte de su vida. Debido a esta exposición constante su cerebro también puede haberse modificado y puede percibir y procesar información adicional como un músico. La Neuroplasticidad es una facultad de todo ser humano.

Conclusión

No podemos medir la música. Creo que si es posible dibujar una raya entre lo que es aceptable y no aceptable musicalmente hablando. Hoy como nunca, hay cantidad de música nueva que se produce y está vacía de contenido musical. Algunos temas exitosos y populares incluso contradicen las leyes fundamentales de la armonía, melodía y ritmo. Considero que establecer juicios musicales en términos de mejor y peor en aquellas creaciones musicales que cumplen los requisitos y son musicalmente correctas, es arriesgado. Por mi parte, como solución para no caer el error, hace ya mucho que deseché dos palabras de mi lenguaje musical. Estas son “mejor” y “peor” y las sustituí por la palabra “prefiero”.

Mi trabajo me obliga de alguna manera a tener que medir la música todos los días. Mi estudio Audioarte empezó a ofrecer sus servicios en 1992. Soy músico y productor musical y eso significa que recibo constantemente demos de canciones en las cuales debo de crear partes y arreglos. En el proceso estoy obligado a tener un juicio y decidir que funciona y que no funciona para llevar las canciones por un camino que llegue a un buen fin . Pero se puede llegar a ese buen fin por distintos caminos y una misma canción se podría producir de distintas formas y obtener distintos buenos finales.

Creo que es posible aprender a lidiar con toda esta subjetividad musical de una forma “pacífica”. Tenemos que aprender a ser inmunes a la agresividad que produce el concurso y la competencia. De todas formas, lo importante y valioso es lograr pasar buenos momentos como músicos. Es más fácil lograr esto cuando no estamos pensando todo el tiempo en que tan buenos somos. Si logramos que nuestra “felicidad musical “ contagie a nuestra audiencia, lo hemos logrado y en ese momento sin duda alguna estaremos en el lado de los mejores.

Los músicos auténticos son más felices cuando pueden hacer a otros felices y eso, se puede decir que es altruismo puro.

Carlos Dominguez
Músico, Ingeniero y Productor Musical. Su Estudio de grabación Audioarte ofrece servicios desde 1992. Fue guitarrista y productor musical para el grupo José Capmany y Café con Leche y la cantante Marta Fonseca. Actualmente, es guitarrista de la banda Rockpack integrada por los cantantes Bobby Kimball (Toto), Bill Champlin (Chicago), Alex Ligertwood (Carlos Santana) y Wally Palmar (The Romantics).
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